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Sustentable y resiliente

Publicado el 13/05/2020

Es posible que, surfeando las conversaciones acerca de cómo afrontar la crisis climática, cómo pensar el rol del ser humano en el planeta y qué futuro nos espera, te hayas cruzado muchas veces con las palabras “sustentable” y “resiliente” usadas de manera que parece casi intercambiable. Acá mismo usamos las dos una detrás de otra: si nos seguís en redes sociales, probablemente nos hayas leído decir que nuestro objetivo es “divulgar las problemáticas socioambientales actuales e impulsar, mediante proyectos concretos, un cambio cultural hacia una sociedad sustentable, resilienteequitativa”. Son LAS palabras del momento en la eco-discusión, así que quizás sea pertinente explorar un poquito de qué hablamos cuando las nombramos. 

Antes, una nota: en español tenemos dos palabras, “sostenible” y “sustentable”, y hay grupos en la discusión ambientalista que establecen una distinción. Hay quienes opinan que hablar de “sustentabilidad” en lugar de “sostenibilidad” implica atender solamente a la conservación y protección de los recursos naturales sin tomar en cuenta las necesidades sociales, políticas o culturales. Desde STS, en nuestras charlas y publicaciones en redes usamos ambos términos de manera equivalente. A veces nos sale uno y a veces otro, pero entendemos que estamos hablando de una problemática socioambiental y que pensar la sustentabilidad requiere siempre considerar a las personas. Hacemos la aclaración por si sabías de esta distinción y te estabas preguntando de qué modo los diferenciábamos... Por ahora, no lo hacemos.

“Sustentable” y “sostenible” tienen el mismo origen etimológico, vienen del verbo latino sustineo, y en su definición estricta de diccionario son sinónimos. Significan “que se puede conservar en su estado”. Que se puede mantener durante un tiempo considerable. “Resiliente” llega del latín al español triangulado por el inglés, a quien se lo copiamos hace un tiempito. Viene del verbo latino resilio, que significa algo así como “rebotar”. Saltar hacia atrás, replegarse después de recibir un golpe. Entonces tenemos, por un lado, el concepto de durabilidad en el tiempo y, por el otro, el concepto de adaptación a la adversidad.

En su charla TED La transición hacia un mundo sin petróleo, Rob Hopkins plantea que la idea de resiliencia es más útil como concepto que la de sustentabilidad. Toma la noción de resiliencia como la postula la disciplina científica de la ecología: la capacidad de los ecosistemas para recuperarse de los disturbios externos, regenerarse y volver a un estado de equilibrio. Mirando los problemas a los que nos enfrentamos a través del lente de la resiliencia, podemos preguntarnos cómo hemos llegado a ponernos en situaciones tan vulnerables, y a partir de eso revisar las estructuras que nos están fallando. Para Hopkins, la resiliencia es mucho más profunda que la sustentabilidad: se trata de anticiparnos y construir mecanismos protectores en la organización de las cosas básicas que necesitamos para vivir, de armarlas de modo que puedan resistir los impactos sin desarmarse por completo. Se trata de aprovechar el mismo ingenio, la misma creatividad y la misma adaptabilidad que permitieron a nuestra especie crear modelos de vida opulentos y destructivos para crear modelos de vida nutritivos y sanos, que fomenten la conexión y el desarrollo de habilidades.

En su curso Pensar la Resiliencia, Richard Heinberg nota que “sustentabilidad” fue el primer término que estuvo en boga en la discusión ambientalista (y que después terminó poniéndose de moda y llegando a la publicidad de cualquier producto), mientras que en la actualidad la “resiliencia” se plantea como un objetivo superior y más noble (y probablemente termine supliendo al otro como palabra de moda). A partir de la noción de resiliencia ecológica, propone entender a las comunidades humanas como sistemas de relaciones. Según cómo estén organizadas, pueden ser más o menos capaces de absorber los disturbios sin perder lo que constituye su identidad esencial. Heinberg no considera que haya un conflicto o una competencia entre los conceptos de sostenibilidad y resiliencia, sino que deben pensarse en complementariedad. Pone como ejemplo la reducción del uso de combustibles fósiles: la sociedad se vuelve más sostenible, porque se mitigan los efectos climáticos devastadores, y más resiliente, porque ya no dependemos de fuentes energéticas cada vez más escasas e inaccesibles. 

En un mundo en el que nada es permanente -pues la naturaleza es dinámica y está en constante cambio- la única manera de que algo perdure en el tiempo (o sea “sostenible”) será que sea capaz de adaptarse a condiciones nuevas (que sea “resiliente”).



Referencias:

Heinberg, R.: Lesson 13, “What is Resilience?”, Think Resilience, Post Carbon Institute.
Hopkins, R.: The transition to a world without oil, TEDGlobal 2009.
Lewis, C. T. & C. Short: A latin dictionary, Perseus Digital Library.
Lewis, J. P.: La biosfera y sus ecosistemas: una introducción a la ecología, ECOSUR c.1995.
Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea].

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